Una mirada a Finlandia. Segunda parte.

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Créanlo o no, PISA también inquieta a los finlandeses, sobre todo después de su caída en los resultados del 2012, que ahondaron en los ya mediocres obtenidos en el 2009. Aunque aún siguen muy por encima de la media, los resultados  mostraron que los niños finlandeses obtuvieron 519 puntos en matemáticas –la principal materia del estudio en aquel año–, por los 544 del año 2003. Como resultado, Finlandia cayó del puesto número dos al doce, siendo superada por otros países europeos como Liechtenstein, Suiza, Países Bajos y Estonia.

Desde entonces, infinidad de análisis y propuestas han visto la luz para intentar explicar la razón de este declive. Una de las más polémicas, y quizá también de las más reveladoras, es la del director de investigación del Centro para la Reforma del Mercado de la Educación, Gabriel Heller Sahlgren, que propone una idea opuesta a la de aquellos expertos extranjeros que identificaban en la liberalización finlandesa la clave de su éxito. Según su informe, llamado “Real Finnish Lessons: The true story of an education superpower”, no hay ninguna razón concluyente para pensar que el éxito finlandés se debe a “la igualdad, con la reforma de los años setenta como cimiento, la ausencia de exámenes estandarizados y la rendición de cuentas, el éxito radica en la formación de profesores”.

En realidad, Sahlgren argumenta, que el auge de la educación finlandesa comenzó mucho tiempo atrás, los que prepararon el camino para que Finlandia arrasara en el informe de PISA del año 2000, tenía como base una situación histórica muy semejante a la de algunos de esos países asiáticos que obtienen buenos resultados en las pruebas académicas: a pesar de su incorporación a la industrialización y de su desarrollo económico, Finlandia conservó muchos rasgos de la educación tradicional, al mismo tiempo que recibía una importante inversión económica.

El informe de Sahlgren recuerda que, muy probablemente, “el clima escolar jerárquico y tradicional se mantuvo activo hasta hace relativamente poco”, lo que el autor identifica con el éxito del país. Por lo tanto, han sido las recientes reformas las que han propiciado la decadencia, y han llevado a Finlandia al lugar en el que se encuentra: “La reciente caída en el rendimiento puede en parte ser explicada por el hecho de que muchas de las condiciones previas para el éxito están siendo actualmente erosionadas”. En otras palabras, Finlandia se está poniendo al día con la transformación económica de la segunda mitad del siglo XX pero ha provocado que “la cultura educativa centrada en el profesor esté siendo reemplazada por formas de trabajar centradas en el alumno”.

Sin embargo, no es el único que ha manifestado sus ideas frente a las nuevas reformas educativas, como aseguraba un reciente reportaje publicado en “The Economist”, hay dos grandes preocupaciones que atormentan a los detractores del nuevo currículo. Por un lado, la cada vez mayor desigualdad entre los alumnos de diferentes entornos sociales, y que contradice la gran victoria igualitaria conseguida durante las últimas décadas. Por el otro, la extinción de aquella peculiar mezcla que provocó el gran “boom” educativo finlandés con su culmen en el año 2000 “el profesor como centro de la educación”

“El error que los políticos y expertos en educación cometen en Finlandia, China o en cualquier país que figure en los primeros puestos del informe PISA es asumir que la razón del éxito tiene que ver con las peculiaridades del sistema educativo”, explicaba Dennis Hayes, profesor de Educación de la Universidad de Derby. En su opinión, en la línea de Sahlgren gran parte del éxito finlandés podía explicarse a partir de sus peculiaridades sociales, culturales e históricas, no solo por célebres acercamientos a la educación como la libertad de los docentes o la ausencia de evaluaciones.

“Lo que distinguía a Finlandia a finales del pasado siglo eran las expectativas educativas”, explica el docente. “Sin embargo, hubo un momento a mediados de los años noventa que esas expectativas eran tan altas que se dijo que estaban dañando el sistema educativo”. Es decir, justo en el momento en el que Finlandia estaba obteniendo los mejores resultados en los exámenes externos se empezó a replantear su cultura educativa, basada en el esfuerzo y la buena reputación de la educación.

En opinión de Hayes, el cambio hacia una educación basada en habilidades y no en contenidos no es otra cosa que una muestra del pánico finlandés por perder su lugar privilegiado en los “rankings” de la OCDE. Situación semejante que se puede observar en México, pero el origen del pánico es diferente éste se puede atribuir a la desesperación por no llegar a buenos resultados en educación en el mundo de la OCDE.